El antes
Cada pedido vivía en el teléfono de alguien.
Así se veía una cotización antes de Eva — no por falta de esfuerzo, sino porque contestar rápido competía contra embarques, captura y cobranza:
- 1Un cliente escribe al WhatsApp de un vendedor pidiendo precio.
- 2La cotización espera a que ese vendedor tenga las manos libres.
- 3El seguimiento depende de que alguien se acuerde.
- 4Nadie más ve la conversación: si el vendedor no está, el pedido tampoco.
Por qué no era trivial
Cotizar acero no es contestar un mensaje.
Automatizar este flujo tiene fama de imposible, y por buenas razones:
- «Necesito acero» no alcanza para cotizar: falta producto, medida, calibre y cantidad — y conseguirlos era una conversación de ida y vuelta.
- El precio no es fijo: cada cotización lleva vigencia y condiciones, y la de ayer puede ya no valer hoy.
- El catálogo es grande y técnico: la respuesta tiene que salir del dato verificado, no de la memoria de nadie.